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Astor Piazzolla
Tango: Zero Hour
American Clave/Nonesuch

By Fernando González
Miami, 1998


Astor Piazzolla imaginaba la hora cero como el momento después de la medianoche, "una hora de absoluto final y absoluto comienzo."

No fue por casualidad, entonces, que temprano en su carrera, llamó Buenos Aires Hora Cero a una de las composiciones que definió su estilo. No puede haber sido por casualidad que, entrando en el otoño de su vida, haya llamado Zero Hour al álbum que resumía tantos años de trabajo y llevaba profundos deseos personales y expectativas profesionales.
No podía ser de otra manera.
Para mediados de los años 80, Astor Piazzolla hacía rato que era conocido en Europa. También, finalmente, empezaba a recibir el respeto que se merecía en su Argentina natal. Pero en los Estados Unidos el reconocimiento lo eludía y para Piazzolla esto debía haber sido una vuelta perversa de la vida.

En 1924, cuando él tenia tres años, su familia dejó Mar del Plata, una ciudad veraniega al sur de Buenos Aires, y se mudó a Nueva York. Allí los Piazzolla vivieron, con una breve interrupción, hasta 1936.
Para Astor, Nueva York guardaba los recuerdos de su niñez -- las peleas callejeras con otros pibes de su barrio; escuchar desde la vereda a Cab Calloway tocando en un club de Harlem, aprender los secretos del tuco de su maestro de solfeo. Fue en Nueva York donde su padre, Vicente, le compró su primer bandoneón. Y fue en Nueva York donde Piazzolla, veinte años después, ya un hombre, un músico más tratando de triunfar y darle de comer a su familia, sobreviviendo lo que alguna vez llamó "los tres años mas difíciles de mi vida", recibió la noticia de la muerte de su padre y compuso “Adiós Nonino”, una de sus obras mas famosas.

Después de irse de Nueva York en 1960, Piazzolla pasó por la ciudad sólo ocasionalmente. Pero en su visita en 1986, Piazzolla estaba en un gran momento.

Para entonces, había destilado años de aprendizaje como tanguista, las enseñanzas de sus maestros de música clásica, su fascinación por el jazz y las lecciones aprendidas por ser una vanguardia de uno en el tango, en una música profundamente personal, sofisticada y emocionalmente directa. Para mejor, en su nuevo grupo, había encontrado un instrumento con que tocarla. En el momento de Zero Hour, Piazzolla estaba en la mitad de una temporada excepcional con su Quinteto Nuevo Tango. En total, estuvieron juntos 10 años.

Piazzolla había tenido grandes orquestas a lo largo de su carrera.
Su Octeto Buenos Aires, formado en 1955 a su regreso de Paris, entusiasmado por sus estudios con Nadia Boulanger y su descubrimiento del Octeto de Gerry Mulligan, marcó la línea entre el tango tradicional y lo que es conocido, años mas tarde, como el Nuevo Tango.
El primer quinteto, el cual se mantuvo más o menos junto desde 1960 a 1970, reinventó las leyes y cambió los límites del Nuevo Tango casi tan rápido como los establecía. Su Conjunto 9 (1971-1972), en realidad un cuarteto de cuerdas con un quinteto que incluía una batería de jazz, lo inspiró a crear sus arreglos más complejos para grupo pequeño.

Pero el Quinteto Nuevo Tango, organizado en 1978, tiene un lugar especial en la historia de Piazzolla. Consolidado con una mezcla de visión y buena suerte, para el momento de la grabación, el quinteto se conformaba con Piazzolla en bandoneón, Fernando Suárez Paz en violín, Pablo Ziegler, piano, Horacio Malvicino (padre), guitarra y Héctor Console, contrabajo.
Era una mezcla afortunada. Malvicino, un músico de jazz, ya había inyectado improvisación jazzística en la música del Octeto, una revolución dentro de una revolución en el tango. En Ziegler, quien traía una educación clásica y jazzística, encontró un compinche ideal. "La diferencia en este grupo", dijo Malvicino recientemente, "era que por primera vez, Astor tenia un pianista de tradición jazzística. Ziegler no era tanguero sino un tipo que aprendió un montón al lado de Astor y se hizo tanguero, sí o sí”. El calmo, reservado Console, educado en tango y música clásica, era la base del quinteto, sólido como una roca pero también ágil y excepcionalmente sensible. Suárez Paz, un músico clásico ocupando el tradicional rol estelar en los grupos de Piazzolla, probó no solamente ser un instrumentista brillante técnicamente sino, además, tener corazón y garra de sobra.

Para Zero Hour, el quinteto ya reflejaba el espíritu de su líder. Este era un grupo cosmopolita y reo, erudito y apasionado, elegante pero también fuerte, muscular. A veces en el contexto de una misma interpretación, Piazzolla y su grupo podían sugerir un conjunto de cámara y, un momento después, sonar con la fuerza de una orquesta de club de barrio.
"Para cuando grabamos Zero Hour ya nos conocíamos por los olores", dice Ziegler. "Ya estaba pasando algo mas allá de la partitura. Éramos un grupo y nosotros realmente queríamos a ese grupo. Todos nos llevábamos muy bien personalmente y amábamos la música que estábamos haciendo -- y Astor amaba al grupo, amaba a sus músicos. Y eso es lo que escuchas. Eso y lo que pasa entre las notas en la música, la pasión, la roña que salía a la superficie después de años de tocar juntos." Y además, agrega Malvicino, "era claro que este no era un disco más. Esta era la gran aventura americana, la conquista de América."

Estas sutilezas podrían haber pasado desapercibidas en otro productor, pero en Kip Hanrahan, Piazzolla encontró alguien que no solamente podía oírlas sino también apreciarlas y capturarlas en disco.
Al principio, Hanrahan debe haber parecido una selección muy peculiar. Su sello American Clave, era innovador pero chico. (Irónicamente, las oficinas de American Clave estaban a unas cuadras del lugar donde Piazzolla había vivido de niño.) Además Hanrahan era conocido como un líder inusual de bandas eclécticas y como compositor de una música tal vez mejor descripta como avant-étnica, una audaz mezcla de estilos urbanos de las diversas comunidades de New York.
Pero "Astor estaba desencantado con los grandes sellos", recuerda Malvicino. "Él sentía que no lo habían tratado con respeto, y Kip adoraba a Astor. Él tenía una tremenda admiración, una pasión realmente, por todo lo que era Piazzolla. Y él conocía el trabajo de Astor desde los días de la orquesta típica.
"Kip no es un tipo común y a veces puede no ser fácil", dice Malvicino. "Pero es muy divertido, tiene un gran sentido del humor y él y Astor se llevaban bárbaro."

A lo largo de su carrera, Piazzolla escribió y arregló específicamente para sus músicos. “Contrabajisimo, la nueva composición en “Zero Hour” y tal vez el momento culminante del disco, está dedicada a Console. Piazzolla constantemente revisaba su material, como buscando iluminarlo desde diferentes ángulos. “Tanguedia III”, grabado por primera vez en 1984 para la película de Fernando Solanas 'El Exilio de Gardel', empieza con un coro de voces (los miembros del grupo) repitiendo, como un mantra, las palabras tango, tragedia, comedia, quilombo, lo que Piazzolla, sin duda con ironía, describía como la fórmula de Nuevo Tango. Es Piazzolla quien bromea en italiano, haciendo reír a sus músicos. Sin embargo, esta versión tiene una siniestra elegancia y más peso. Milonga Loca, en realidad “Tanguedia II” y originalmente parte de la misma música de película, aparece aquí en una versión más rápida y ligera.

Concierto para Quinteto, grabada originalmente en 1971, no solamente ofrece excelentes contribuciones de Suárez Paz y Piazzolla sino también una indicación de hacia dónde Piazzolla estaba llevando al grupo.
"Ah sí, tuve que tomar un test en los ensayos para demostrarle que no estaba tocando jazz y que estaba empezando a improvisar con ese sentimiento de Buenos Aires que Ziegler ya había dominado tan bien", dice Malvicino, solamente medio en broma. "Después de Zero Hour él me dio carta blanca y pude improvisar mucho más."

Este es un repertorio difícil, sin embargo las interpretaciones individuales son consistentemente intensas y precisas en todo momento. Como conjunto, Piazzolla y su Quinteto Nuevo Tango suenan ajustados pero sueltos. Este es un grupo en total control de la música y lo demuestra casualmente, cambiando de dirección, de tono y dinámicas en lo que dura un compás.

Piazzolla inmediatamente sintió que el grupo había hecho algo especial y llamó Zero Hour "el mejor disco que he hecho en mi vida. Pusimos nuestras almas en este disco. Este es el disco que le puedo dar a mis nietos y decirles 'Esto es lo que hicimos con nuestras vidas".


En realidad, después de “Zero Hour”, el quinteto grabó otra obra maestra, La Camorra (Nonesuch/American Clave), un magnífico resumen de la historia del tango que queda como un tributo de Piazzolla a los que lo precedieron y como un desafío a los que lo quieran seguir.

Con tanto donde elegir, los admiradores de Piazzolla siempre van a poder discutir sobre músicos, grupos, arreglos y grabaciones. Pero en Mayo de 1986, en New York, Astor Piazzolla, Fernando Suárez Paz, Pablo Ziegler, Horacio Malvicino, Héctor Console y Kip Hanrahan encontraron su hora cero exactamente el mismo momento.





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