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Piazzolla in Brooklyn

Notas para el álbum Piazzolla in Brooklyn
Pablo Aslan Quintet

Fernando Gonzalez

Las obras maestras siempre han servido de inspiración para la creación de nuevos trabajos. Pero Take Me Dancing, el álbum de jazz-tango de Astor Piazzolla grabado en New York en 1959 que inspiró Piazzolla en Brooklyn, es “espantoso.” Al menos así opinaba Astor Piazzolla.
Pero Pablo Aslan, contrabajista y productor argentino radicado en Brooklyn, tenía curiosidad. Aslan es un pionero del jazz-tango en Estados Unidos y en Tango Grill (2009), su cuarto disco como líder, había explorado la idea del jazz-tango desde la perspectiva del tango tradicional. Tango Grill recibió nominaciones para el GRAMMY y el Latin GRAMMY. Para su siguiente producción, Aslan buscaba esa mezcla pero desde otro ángulo.“Yo había oído todas esas historias sobre Take Me Dancing, así que cuando lo ví en una disquería de Buenos Aires, ni lo pensé y lo compré,” recuerda. “Y resultó que sonaba exactamente como esperaba: horrible. Era tal como Piazzolla había dicho.”

Take Me Dancing tenía un poco de jazz, y mucho de un Piazzolla simplificado, por momentos banalizado, llevado al compás metronómico de un guiro y un bongó. Pero después de leer Piazzolla El Mal Entendido, una re-valuación crítica de Piazzolla por Diego Fischerman y Abel Gilbert, Aslan volvió a Take Me Dancing pero con otra perspectiva.

Lo que escuchó, o quizás más exactamente lo que no escuchó, inspiró Piazzolla en Brooklyn.

“Los temas y las ideas eran muy fuertes y originales, pero algunas de ellas simplemente pasaban demasiado rápido,” dice Aslan. “Sentí que había muchos lugares en los que la música se podía abrir y desarrollar. Ahí fue que se me ocurrió que el material en el disco tenía mucho potencial, y que era cuestión de soltarlo.”

Las transcripciones de los arreglos de Piazzolla para Take Me Dancing se transformaron en la hoja de ruta de Piazzolla en Brooklyn. Y para ese viaje, Aslan no solo contó con Piazzolla como guía, sino con algo que el maestro no tuvo en su momento en New York: un grupo de músicos bilingües en tango y jazz, incluyendo el baterista Daniel “Pipi” Piazzolla, nieto de Piazzolla.

El Piazzolla de Take Me Dancing era un músico como tantos, balanceándose en el filo de sus ambiciones artísticas y sus necesidades de subsistencia. Estaba otra vez en la ciudad de New York, donde había pasado la mayor parte de su niñez, pero ahora estaba buscando un nuevo comienzo para su carrera, y con una esposa y dos hijos. En “La Calle 92,” Piazzolla recuerda la calle en Manhattan donde la familia vivió en esa época. Es el único tema en este disco que no es de Take Me Dancing, pero aparece aquí como una especie de preludio y puesta en escena.

En ese período, Piazzolla hizo un poco de todo, incluyendo tocar para shows de baile y escribir arreglos para orquestas de música Afro-Cubana. Esto no era lo que había ido a buscar a New York. Y su gran apuesta entonces fue un “nuevo ritmo llamado el J.T (jazz-tango).” Así lo contaba Piazzolla en una carta fechada junio de 1958. “Este ritmo ha gustado porque hago melodías de jazz con ritmo de tango moderno. Es la única manera de entrar en U.S.A.”

La perla de este proyecto iba a ser Take Me Dancing, un disco que incluía temas propios y standards de jazz interpretados por el Jazz-Tango Quintet, un ensamble que incluía guitarra eléctrica, vibráfono, piano, contrabajo y percusión menor.

El músico, líder de banda y productor dominicano Johnny Pacheco, uno de los percusionistas en Take Me Dancing, contaba años mas tarde que “cuando [Piazzolla] nos dio la música y la puse en mi atril vi que todo estaba escrito. Y él tenía una cara de alegría, porque todo lo que había puesto en papel lo estaba oyendo. Estos eran los mejores músicos de New York. Yo tocaba una guirita y me di un banquete escuchando eso. ”

En agosto de 1959, Piazzolla le escribe a un amigo que “Los discos [se refiere a Take me Dancing y Evening in Buenos Aires, un disco de tangos “americanizados” grabado en 1959] son maravillosos y creo que tendrán buen venta si la compañía se lo propone.” Pero Take Me Dancing pasó desapercibido. (Lo mismo ocurrió con Evening in Buenos Aires.)

De ahí en más y por el resto de su vida, Piazzolla se refirió a ese quinteto como “una monstruosidad,” y llamó a Take Me Dancing, entre otras cosas, “un pecado.” En esas grabaciones, se lamentaba años más tarde, “vendí mi alma al diablo.”
Daniel Piazzolla, recuerda haberle preguntado a su padre acerca de Take Me Dancing “siete millones de veces, y las conversaciones siempre terminaban de la misma manera: ´No me rompas las bolas con esa mierda, esa porquería, esa mancha negra en mi historia.´ Acá decimos ‘tenés un muerto en el ropero.’ Ese era el muerto en el ropero de mi viejo. Ese disco y el otro (Evening in Buenos Aires).”

Así y todo, y a pesar de sus deficiencias, reales y exageradas, hay razones para argumentar que Take Me Dancing tuvo un efecto en la obra de Piazzolla. Pero a pesar que colaboró con músicos de jazz del calibre de Gerry Mulligan y Gary Burton, Piazzolla nunca volvió a su jazz-tango.
Esa tarea la asumió otro argentino-neoyorkino, uno que creció en Buenos Aires, educado en Salgán, Pugliese y Piazzolla pero también en Miles, Coltrane y Mingus.
“Astor Piazzolla ha sido un modelo para mi propio desarrollo. Pero por eso mismo, también traté, sistemáticamente, de evitar su música, ” dice Aslan. “Siempre pensé que la música de Piazzolla era muy fuerte y definida, y que sus propias interpretaciones raramente han sido superadas. Pero en Take Me Dancing encontré un lugar donde sentí que yo podía crear mi propio mundo y, al mismo tiempo, interactuar con él.”

Ese lugar es Piazzolla en Brooklyn.

Este disco no es ni un remake, ni es un artefacto para la nostalgia. Ni siquiera es un homenaje a Piazzolla. Mas bien, es la continuación de una conversación a través de cincuenta y tantos años de música, a través de historias personales compartidas de dislocamiento, supervivencia y búsqueda. Mas bien, es una nota a un viejo maestro que ya no está: Sus esfuerzos no se han perdido, ni en mí, ni en ninguno de nosotros. Y valió la pena. Seguimos.

Fernando González


Fernando González es periodista y crítico musical basado en Miami y escribe para The Miami Herald, JazzTimes y The International Review of Music entre otras publicaciones. González es el traductor de Astor Piazzolla: A Memoir (Astor Piazzolla A manera de memorias) la autobiografía de Piazzolla contada a Natalio Gorín.

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