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Playbill



La distancia geográfica entre Nueva Orleans y la Habana puede ser medida en millas. Pero en música, toda conversación sobre distancias es engañosa.

Al pianista y compositor cubano Jesús “Chucho” Valdés le gusta ilustrar este punto con un elegante truco de magia. Él comienza tocando el clásico de Scott Joplin “The Entertainer” en ragtime y luego, imperceptiblemente al principio, le da al tema una cadencia caribeña.

 “Si le cambias una célula rítmica, es un danzón”, dice Valdés. “La música es como un idioma: si a una frase le cambias una coma, significa algo diferente. Aquí le cambias un acento y ya no estás en Nueva Orleans, estás en la Habana”.

La relación entre Nueva Orleans (fundada en 1718) y la Habana (1515) ha sido rica y compleja, marcada por una historia compartida, pero también profundas diferencias.
España gobernó Nueva Orleans desde 1769 hasta 1803. Pero las diferencias culturales entre los africanos esclavizados en los Estados Unidos y en Cuba, y las diferencias entre las políticas coloniales de las potencias europeas, reflejando sus creencias protestantes o católicas, crearon bases culturales marcadamente diferentes.

Aún así, hasta 1962, hubo un diálogo importante y fluido entre Nueva Orleans y la Habana.
Esta noche, Wynton Marsalis y la Jazz at Lincoln Center Orchestra con los invitados cubanos Chucho Valdés y el cantante y percusionista Pedrito Martínez, recuperan ese diálogo.
En Ochas, Marsalis, nacido y criado en New Orleans, reinterpreta la música ceremonial de La Regla de Ocha, o Santería, la religión afrocubana que sincretiza creencias y prácticas de los Yoruba (hoy  Nigeria) y elementos del catolicismo.

Santería tiene un panteón de orishas, o dioses, comparable al de la mitología griega. Cada orisha es venerado a través de cantos, “toques” (ritmos) y danzas específicos. El batá, un trío de tambores con forma de reloj de arena y parches en ambos extremos, es la orquesta de cámara de la ceremonia.
Cada tambor tiene un rol. El pequeño onkónkolo provee el ritmo básico, mientras el tambor mediano, el itótele, responde y conversa con el iyá, el cual indica qué ritmos tocar y ofrece variaciones. A medida que los patrones rítmicos se entrelazan, las complejas texturas rítmicas, a veces densas y fuertes, a veces delicadas como un encaje de puntilla, reflejan la personalidad y las cualidades del orisha.

 “En las ceremonias, la conversación es entre los tambores y el cantante. En esta pieza es un diálogo entre los tambores y la Orquesta,”  explica Martínez. “ Y lo que me gusta especialmente es que los arreglos respetan las melodías originales”.

A Valdés, una noche de batá y orquesta de jazz le trae recuerdos personales.

Los orígenes de Santería se remontan a la época colonial, pero el primer concierto en el que el batá fue interpretado en una ceremonia pública no-religiosa tuvo lugar en 1936. Tomó otros siete años para que los cantos a los orishas se oyeran en la radio, interpretados por la cantante Merceditas Valdés (sin relación familiar). Y fue el padre de Chucho, el gran pianista, compositor y director Ramón “Bebo” Valdés quien, en 1952, incorporó el batá a su big band para tocar un ritmo que él llamó batanga.

Veinte años después, Chucho Valdés creó su versión del trío de piano utilizando batá en lugar de la batería. Con esto, anticipó el sonido de Irakere, la brillante banda de jazz afrocubano que Valdés fundó poco después y dirigió durante 25 años. Valdés también incluye batá en su grupo actual, los Afro-Cuban Messengers.

Esta noche, Wynton Marsalis y Chucho Valdés continúan una conversación que comenzó en 1996 en la casa del trompetista, una conversación en la que cierto ragtime terminó en danzón.

 “Aunque estemos aparte en el tiempo y la distancia, New Orleanians y Habaneros compartimos mucho históricamente ”, dice Valdés. Al fin, se encoge de hombros y pone sus manos palmas arriba, como explicando lo obvio. “Es que somos familia!



FERNANDO GONZÁLEZ

Fernando González es un escritor y editor de música basado en Miami, FL. Su columna, Jazz With An Accent, (Jazz Con Acento) es publicada en el blog The International Review of Music. También colabora regularmente a The Miami Herald, JAZZIZ, JAZZTIMES  y otras publicaciones.



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