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Essays



Playbill



Jazz at Lincoln Center
The Appel Room
Frederick P. Rose Hall

New Jazz Frontiers
ORLANDO “MARACA” VALLE, Flute
EDMAR CASTANEDA, Harp
EDWARD SIMON, Piano
LUQUES CURTIS, Bass
DANIEL FREEDMAN, Drums, Percussion

Notas sobre el Programa
Por Fernando González

“El jazz ha muerto” es un clásico imperecedero en la literatura del jazz. Pero a pesar de todos los desafíos, reales e imaginados, que el jazz enfrenta a diario en el mercado de la cultura, la verdadera historia en lasúltimas décadas es “El triunfo del jazz.”

Alguna vez una curiosidad (y una herramienta de la diplomacia de los EEUU) en el resto del mundo, el jazz se ha transformado en una lingua franca. Embajadores como Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Benny Goodman, Duke Ellington y Dave Brubeck llevaron el jazz en todas direcciones, desafiando las barreras del lenguaje y las fronteras de la Guerra Fría, nutriendo generaciones de aficionados y músicos.

Sus éxitos no solo abrieron nuevos mercados para el jazz (y generaron buena voluntad para los EEUU) sino que, en su momento, produjeron algunos músicos excepcionales que hicieron contribuciones importantes a esta música. Pero como en el baloncesto (otro producto cultural de los Estados Unidos que se ha globalizado) los extranjeros ya no son una curiosidad sino que, en algunos casos, son figuras claves, y como en el baloncesto, están transformando el juego.

Puede parecer una paradoja, pero no hay una señal más clara e importante del éxito del jazz que el hecho de que mientras los músicos alrededor del mundo están aún estudiando y celebrando las leyes del jazz y sus creadores, muchos ya miran más allá.

Para ellos, emular e imitar ha sido reemplazado por una búsqueda de su propio lenguaje, llevando las herramientas y el espíritu del jazz a sus tradiciones musicales.

“La música es un producto de los tiempos, y esto [la globalización del jazz] es un aspecto positivo de la globalización. El jazz es una especie de Esperanto para los músicos alrededor del mundo’’, dijo ya en un reportaje el músico cubano Paquito D’Rivera, un abanderado de este proceso tanto en el jazz como en el Latin jazz. “Siempre ha sido así — y a medida que pasa el tiempo lo es más aún”.
Esta es la esencia del programa New Jazz Frontiers de Jazz at Lincoln Center esta noche.

El concierto presenta un grupo excepcional formado por el arpista Edmar Castañeda (Colombia), el flautista Orlando “Maraca” Valle (Cuba), el pianista Edward Simon (Venezuela), el bajista Luques Curtis y el baterista y percusionista Daniel Freedman (ambos de los Estados Unidos) y el tema de la noche esta subrayado no sólo por las diferentes tradiciones, heredadas y aprendidas, presentes en el escenario, sino también por el hecho de que estos músicos nunca han tocado juntos como grupo antes de esta noche. Su lenguaje común es el jazz.
“Muchos de los músicos jóvenes que tocan jazz hoy en día vienen de diferentes países, no solo de Nueva York o Chicago,” dice Curtis, quien nació en Hartford, CT., y creció tocando jazz y música latina. “Y creo que es muy natural que cada uno trae lo suyo, de su propia música, y todo se funde en el jazz”.

Quizás porque, después de todo, el jazz es un producto Made in- USA de una mezcla global, esta música tiene una apertura, una generosidad y una plasticidad que no solo acepta al mundo sino que lo abraza.

“Pienso que lo que más le interesa a los músicos sobre el jazz es el nivel de sofisticación de la improvisación”, dice Simon, quien se empapó de la tradición de jazz de los EEUU antes de desarrollar su rica mezcla de jazz, música venezolana y música clásica. “Hay improvisación en la música latinoamericana y alrededor del mundo — pero el jazz lo ha desarrollado a un nivel muy alto. Y luego descubrir que puedes combinar esa manera tan sofisticada de improvisar con la música de tu país es tremendamente vigorizador.
“Luego, conceptualmente, hay una cierta actitud que tienes que tener para tocar jazz.

Romper las reglas, estirar los límites ha permitido a esta música sobrevivir y crecer — y es lo que hace que el jazz sea algo tan, tan excitante para quien lo toca como para quien lo escucha. Y finalmente lo que hace que el jazz sea algo tan único es la hermosa interacción entre los músicos. Es algo que ocurre a tan alto nivel — y no hay nada como eso en ninguna otra música”.

Fernando González es escritor y editor de música con base en Miami, FL. Su columna, Jazz With An Accent, (Jazz Con Acento) es publicada en el blog The International Review of Music. También colabora regularmente con The Miami Herald, JazzTimes, JAZZIZ y otras publicaciones.
www.fgonow.com

 

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